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Somos deporte Olímpico. A favor o en contra, cualquiera que conozca las ventajas del movimiento olímpico, y que ame nuestro deporte, no podrá negar sus ventajas y beneficios para el deporte.

 

El reconocimiento Olímpico es considerado el súmmum, la meta más alta, el mayor reconocimiento mundial que puede recibir cualquier disciplina deportiva.

Sin duda, desde que el kárate entró en España, de manos de los primeros pioneros, y desde nuestra posterior independencia federativa, en 1978, este ha sido uno de los objetivos más importantes a cumplir por nuestros dirigentes, con el fin último de promocionar a nuestros deportistas y practicantes. Tras su aprobación como deporte olímpico para Tokio2020 en el año 2016, ha repercutido notablemente en nuestros atletas, técnicos, clubes, federaciones autonómicas, y sobre todo, en el deporte en sí y su prestigio.

Ante toda decisión, siempre hay detractores y opositores. Todos los puntos de vista pueden ser respetados y discutidos, pero cuando una decisión es correcta para la mayoría, cualquier persona sensata la acepta como parte de la evolución.

Todos los practicantes de kárate conocemos que el kárate es un arte marcial milenario, mezcla de diversas culturas, con una base fundamental de autodefensa, con innumerables beneficios para la salud, física y psicológica, y todos los karatekas somos los herederos y transmisores de esta gran riqueza. Esta riqueza, esta esencia del karate, se entrena y trabaja día tras día en los Dojos, porque no somos tan solo competición, el kárate es mucho más; es respeto, autocontrol, disciplina, técnica, sacrificio…, todo lo que conlleva en sí, el término.

El kárate al igual que otros muchos deportes, afortunadamente, y digo afortunadamente,  ha evolucionado a la par que lo ha hecho la sociedad y las necesidades de sus practicantes. El mismo “padre del kárate moderno”, el maestro Gichin Funakoshi, maestro de escuela de profesión, evolucionó y desarrollo nuevas formas de entender el kárate para cubrir las necesidades de principios del siglo XX, y cada maestro, cada profesor y cada practicante, ha ido poniendo su granito de arena hasta la actualidad.

Hoy en día, las necesidades a cubrir son muy diferentes a las de la isla de Okinawa del siglo XX y anteriores. Obviando el factor de autodefensa, entendida como protegerse a vida o muerte, en una época turbia, marcada notablemente por las diferentes Guerras Mundiales, observando las formas de entrenamiento, las características de los entrenos que se realizaban en los Dojos, nadie se imaginaría en pleno siglo XXI, a sus hijos realizando estos entrenamientos a su salida del colegio.

Las necesidades de hoy en día cubren necesidades vitales diferentes. Deseamos que nuestros hijos abandonen el sedentarismo y hagan deporte, y por supuesto que asimilen todos los beneficios que un arte marcial como el karate, puede aportarles. A su vez, los practicantes de este deporte varían según cambia la sociedad y sus necesidades, teniendo expectativas que están acorde a la sociedad que evoluciona; reconocimiento institucional, titulaciones oficiales, enseñanza reglada, en resumen; oficialidad en su práctica.

Esta evolución es la que ha convertido un arte marcial como el kárate, en algo tan especial. Cada Dojo guarda la esencia del karate, pero a su vez, permite desarrollar otras vertientes como la competitiva para aquellas personas que sienten la necesidad de ponerse a prueba frente a otros, desarrollando una faceta más, dentro de la amplitud del kárate, en sus diferentes roles como deportistas, técnicos o árbitros.

Esta puede ser una de las grandes diferencias que desliga al kárate frente a otros deportes que se basan meramente en el aspecto competitivo y que, después de esta etapa deportiva, no les queda nada. El camino del kárate es tan largo como la vida misma; comienza el primer día que el alumno se ata el cinturón blanco, y crece junto a la persona durante toda su vida.

Todos los aspectos, todos los caminos que cada practicante puede recorrer en el kárate, todos igual de válidos, todos igual de respetables, están recogidos y bajo el amparo de nuestras federaciones autonómicas y nacional. Porque existen diferentes caminos y opciones, y todos pueden escoger su camino dentro de él.

Porque kárate federado, no significa obligatoriamente “competición”. Muchos son los clubes federados en España, no participa en actividades de competición.

Dentro de la estructura de las federaciones autonómicas y de la nacional, existen, para aquellos que no lo conozcan, diferentes departamentos. Uno de ellos destaca en su visión del kárate como elemento más tradicional. El Departamento de Kárate tradicional desarrolla y fomenta la práctica más tradicional de su práctica que muchos karatecas anhelan y bajo el respaldo institucional que una federación ofrece.

Otros departamentos son encargados de fomentar aspectos competitivos, aspectos formativos, aspectos de deporte base o de igualdad entre sexo y capacidades. Todos ellos igual de válidos, e importantes.

Cualquier deporte, cualquier disciplina que quiera crecer, debe estar reconocido oficialmente por sus gobiernos. Estos deben ser los que lo gestionen y fomenten.

Desde que el kárate en España desarrolló su propia estructura federativa, el crecimiento a nivel deportivo, formativo y mediático se ha desarrollado de forma exponencial.  El kárate ha pasado de ser deporte asociado al amparo de otras federaciones propias, a tener el timón de su propio proyecto acorde a sus propias expectativas; mantener viva su esencia y evolucionar para poder seguir creciendo. Este camino ha llevado al kárate actual, a posicionarse como uno de los deportes con más licencias a nivel nacional.

Es precisamente, esta licencia, la que ofrece a sus poseedores, diferentes beneficios. Desde los beneficios más básicos, donde nos encontramos con coberturas médicas frente a lesiones hasta participación en competiciones oficiales, hasta los más remarcables; reconocimiento oficial de los grados (cinturones) obtenidos por parte del Consejo Superior de Deportes y el Gobierno de España; suma de puntos extra en ciertas oposiciones del Estado a cinturones oficiales; reconocimiento por parte de las Comunidades Autónomas a los Técnicos Deportivos Oficiales para poder impartir enseñanzas de Kárate; poder llegar a representar a España en Campeonatos del Mundo y de Europa; becas y ayudas (autonómicas  y nacional) a deportistas y clubes federados, …., entre otras muchas ventajas.

La llegada al olimpismo no podía ser sino, otro paso más en el camino del Karate. Sin duda, se ha convertido en un filon mediatico que ha puesto a conocer a nuestro deporte, un regalo del cielo para algunos de nuestros deportistas, que pueden verse respaldados por patrocinadores y subvenciones que les permiten dedicarse exclusivamente para aquello que más les gusta y por lo que han estado luchando y formándose durante toda su vida.

El camino del kárate hacia el olimpismo se ha llevado a cabo siguiendo los valores más puros y esenciales de este deporte; lucha, respeto, paciencia, perseverancia y mucho trabajo.

Queremos seguir teniendo un karate olímpico.

 

Almudena Muñoz

Prensa RFEK y DA

 

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